-Algunas -decía su Majestad- matareís los insectos de los capullos de rosas, otras perseguireis a los murcielagos para quitarles la suave piel de sus alas y confeccionar abrigos para los pequeños duendes, y otras vigilareis para que la lechuza no se acerque a mi cuando duerma. Y primero cantadme una canción para dormirme.
Las hadas entonaron sus dulces cánticos y fueron cantando hasta que la reina se durmió, tras lo cual se fueron a sus ocupaciones.
Entonces Oberón entró silenciosamente en la glorieta, y derramó unas gotas del jugo de amor en los párpados de la reina dormida, diciendo:
Lo que veas al despertar
no podrás menos de amar.
Hermia había huido ya de casa de su padre para evitar la muerte a que estaba condenada por negarse al matrimonio con Demetrio. Al entrar en el bosque, halló a su querido Lisandro que ya la aguardaba para llevarla a casa de su tía. Antes de terminar el paso del bosque, Hermia se sintió muy fatigada, y el enamorado Lisandro le aconsejó que descansara un rato sobre el suave césped, y allí se durmieron ambos.
Llegó por allí Robin, y viendo al joven dormido y juzgando por su traje ateniense que era el que buscaba, y viendo también a su lado a la hermosa dama igualmente dormida, conjeturó que eran aquellos los amantes indicados por el rey, y echó el jugo del amor en los párpados de Lisandro.
Pero luego llegó Helena vagando por el bosque, y ella fue lo primero que vio Lisandro al despertar. Tan poderoso era el hechizo de amor, que Lisandro quedó enamorado de Helena, y olvidó completamente a Hermia, que aún estaba durmiendo.
Grande fue la desgracia ocasionada por la equivocación de Robin. Helena perdido ya de vista al desdeñoso Demetrio, había llegado cansada y triste donde Lisandro estaba durmiendo, y se dijo:
-¡Ah!, éste es Lisandro; ¿está muerto o dormido?
Y tocándolo suavemente añadió:
-Buen señor, si estáis vivo, despertad.
Lisandro abrió los ojos, y forzado por el hechizo empezó a requebrarla de un modo extravagante, diciéndole que era superior a Hermia como el pichón al cuervo, que por su amor era él capaz de meterse en una hoguera, y asi otras frases de exaltado amor. Helena sabiendo que Lisandro era novio de su amiga Hermia y que estaba ya comprometido a casarse con ella, se enfureció al oirse asi requebrada, porque se figuró que Lisandro se burlaba de ella.
-¡Oh! -exclamaba-. ¿Por que nací para ser despereciada y burlada de todos? ¿No basta, joven, que me desprecie Demetrio, que tu también te burles de mi, cortejándome de tan desdeñosa manera? Crei, Lisandro, que eras un noble caballero.
Y diciendo estas palabras con gran enojo, escapó corriendo; y Lisandro corrió tras ella, olvidado de su Hermia que seguía dormida.
Hermia, al despertar, se espantó de hallarse sola, y se puso a vagar por el bosque, sin saber que sería de Lisandro.
Entretanto, Demetrio, desesperado de hallar a Lisandro y Hermia, y fatigado por sus inútiles pesquisas, fue visto dormido por Oberón, el rey de las hadas.
Oberón, por las respuestas de Robin, había comprendido que éste se había equivocado; se acercó a Demetrio y le echó el jugo de amor en los párpados. Demetrio despertó al instante, y lo primero que vió fué a Helena, y empezó a
requebrarla. Luego llegó Lisandro, seguido de Hermia, y continuo en sus requiebros a Helena. Asi, Helena se vió sitiada por los dos hechizados jóvenes, y pensó que los dos, y Hermia también, se habían confabulado para burlarse de ella.
Hermia no estaba menos sorprendida que Helena, y no sabía por que Lisandro y Demetrio, antes sus amantes, lo eran ahora de Helena. Hermia no creyó que áquello fuese burla, y así irritadas las dos amigas, se maltrataron de palabra.
-Hermia cruel -gritaba Helena-, tú eres quien moviste a Lisandro para que se burlase de mi con falsos elogios, y a Demetrio, que me despreciaba, para que me llamase diosa, ninfa, preciosa y celeste. No me hablaría éste así, él que me odia, si tú no se lo mandases para burlarte de mi. Cruel, que te juntas con hombres para despreciar a tu pobre
amiga.
¿Olvidaste nuestra amistad de la infancia? ¿Cuan a menudo, Hermia, nos sentábamos las dos en una misma
almohada, cantando juntas un mismo canto, trabajando con las agujas en la misma flor creciendo como una cereza doble al parecer unidas! Hermia, no es de amigas, ni es propio de una doncella el confabularse con hombres para menospreciar a tu pobre amiga.
-Estoy espantada de tus palabras -replicó Hermia-: no te desprecio a ti, sino tu a mi.
-Si -repuso Helena-; persevera, fíngete seria, y cuando vuelvo la espalda me haces visajes y guiñas a los hombres para burlarte de mí. Si tuvieras compasión y estuvieras bien educada, no me tratarías de esta manera.
Mientras Hermia y Helena reñían asi, de palabra, Demetrio y Lisandro se retiraron para disputarse con las armas el amor de la última. Y al ver las mujeres que los hombres se habían ido, se separaron para buscarlos por el bosque.
Así que desaparecieron, el rey de las hadas, que había visto y oído aquellas discordias, dijo al pequeño Robin que le acompañaba:
-Esto ha sucedido por tu negligencia, o ¿lo hiciste de propósito?
-Creedme, rey de las sombras -respondió Robin-, fué un error. ¿No me dijiste que podía conocer al joven por su traje ateniense?
Pero no importa, porque esto es muy divertido.
-Oíste -djo Oberón- que Demetrio y Lisandro buscan un lugar donde desafiarse. Anda, alza una densa niebla en la noche y extravía a los amantes para que no se encuentren. Imita sus voces y provócalos separadamente para que te sigan, y cuando estén rendidos de fatiga y se duerman, echa el jugo de amor en los párpados de Lisandro, y haz de modo que al despertar vea primero a Hermia.
Así volverán a su buena pasión las dos parejas, y creerán que lo pasado fué un sueño. Listo Robin, que yo voy a ver a mi Titania.
Titania estaba durmiendo todavía, y Oberón vio cerca de ella a un payaso que se había extraviado en el bosque y estaba también dormido.
-Éste será el amado de Titania -pensó el rey.
Y tomando una cabeza de asno, plantóla en la cabeza del payaso, con el arte que parecía natural. Aunque Oberón había puesto muy suavemente la cabeza de asno, el payaso despertó; y, sin saber su nueva figura, entróse en la glorieta donde la reina dormía.
-¡Ah! ¿Que ángel es el que yo veo? -exclamó Titania abriendo los ojos bajo el influjo de la flor-. ¿Eres tan discreto como pareces hermoso?
-¡Ah, señora! -respondió el payaso-. Si tengo bastante ingenio para salir del bosque, no necesito más.
-¿Salir del bosque? -dijo la reina enamorada-. Eso no. Yo soy un espíritu muy alto. Yo te quiero. Quédate conmigo y te daré hadas que te sirvan.
Y la reina llamó a cuatro hadas cuyos nombres eran Guisante, Telaraña, Polilla y Mostaza.
-Servid a ese caballero -les dijo la reina-: saltad y brincad ante él y dadle a comer uvas, albaricoques y la miel de las abejas. Ven, siéntate a mi lado -dijo al payaso- y déjame juguetear con tus amables y pilosas mejillas, mi dulce borrico, y besar tus bellas y largas orejas, mi gozo y mi encanto.
-¿Dónde está Guisante? -preguntó el payaso-asno, sin dar importancia a los requiebros de la reina, pero muy orgulloso de sus servidores.
-Aqui, señor -dijo el pequeño Guisante.
-Ráscame la cabeza -dijo el payaso-.
¿Dónde está Telaraña?
-Aquí señor.
-Bueno Telaraña, màtame aquella abeja encarnada que hay en aquel cardo. Y buen señor Telaraña, tráeme el tarro de miel con todo cuidado.
¿Dónde está Mostaza?
-Aquí, señor; ¿que desea?
-Señor Mostaza, que ayude a Guisante a rascarme. He de ir a un barbero, porque me parece que estoy muy
barbudo.
-Dulce amor -dijo la reina-, ¿qué quieres para comer? Tengo un hada que puede buscar la despensa de la ardilla y traer avellanas.
-Mejor un puñado de guisantes -dijo el payaso que sentía apetito asnal desde que tenía cabeza de asno-. Pero no dejéis que me estorben, que quiero dormir.
-Duerme pues -dijo la reina-, y te meceré en mis brazos. ¡Oh, cuánto te quiero! ¡Qué loca estoy por tu amor!
Entonces apareció el rey, y reprendió a la reina por sus amores con el asno. No pudo negar la reina, pues que aún tenía en sus brazos al asno coronado de flores. Oberón la reprendió más, y le exigió el niñito, y la reina, avergonzada, no se atrevió a negárselo.
Conseguido su intento, Oberón se compadeció de la situación de la hechizada Titania, y le echó en los ojos el jugo de otra flor, con lo cual la reina perdió el hechizo, volvió en sí, y se maravilló de su locura al amar a tan extraño monstruo. Oberón y Titania se reconciliaron, y quisieron luego ir juntos para ver en que paraban las aventuras de los cuatro amantes.
El rey y la reina de las hadas hallaron a las dos parejas durmiendo sobre el césped, no muy distantes una de otra; porque Robin, para enmendar su error, cuidó con todo esmero de llevarlos a todos al mismo sitio sin que lo supieran, y había quitado ya el hechizo a Lisandro con el antídoto que el rey le había dado.
Primero despertó Hermia, y viendo a Lisandro dormido cerca, le contemplaba pensando en su extraña inconstancia.
Lisandro abrió los ojos, y libre ya del hechizo, viendo a su Hermia, la amó como antes y empezaron a hablar de las aventuras de la noche, dudando si todo aquello habría sido una pesadilla.
Helena y Demetrio despertaron también, y sosegada ella por el sueño, escuchó con placer los requiebros de él, y creyó que eran sinceros.
Y las bellas damas, rivales en las aventuras de la noche, volvieron a ser buenas amigas, se perdonaron las malas palabras y consultaron juntas que debía hacerse en la nueva situación de las cosas.
Se acordó que Demetrio, pues, dejaba sus pretenciones a la mano de Hermia y procurase obtener del padre de ella que se revocase la sentencia de muerte. Demetrio se preparaba para volver a Atenas para este amistoso fin, cuando todos quedaron sorprendidos por la aparición de Egeo, que andaba por el bosque en busca de su hija fugada.
Cuando el anciano se enteró de que Demetrio no pretendía a su hija Hermia, dejó ya de oponerse al matrimonio de ella con Lisandro, y dió su consentimiento para que se celebrase la boda al cuarto día, el mismo en que debía ejecutarse la sentencia de muerte. Helena y Demetrio, nuevamente enamorados, quisieron también que en el mismo día y hora se celebrase su boda.
El rey y la reina de las hadas, invisibles espectadores de ésta reconciliación, viendo el final feliz de los amantes llevado a término por los buenos oficios del rey, se llenaron de gozo y resolvieron celebrar las próximas fiestas nupciales con juegos en todo su reino.
Y ahora, si alguien se molesta por éste cuento de hadas, creyéndolo extraño e increible, imagine que ha estado soñando todas éstas aventuras, y así es de esperar que ningún lector se sienta ofendido por éste inocente Sueño de una noche de verano.

¡¡¡Gracias Jack!!!
Me gustó mucho volver a leer esta historia.
Beshitos =D